La sociedad de los poetas muertos

La sociedad de los poetas muertos

martes, 7 de agosto de 2012

FINAL DE CUENTO...PARCIAL: ALUMNOS DEL PROF. DE HISTORIA

ALUMNA: SONIA MENDOZA


                            …Regresé a casa al mediodía, tan angustiado como cada día, desde que tomé ese maldito reemplazo.

     ¿Qué pasó, que mal hice para merecer esto? Me repetía una y otra vez mientras  miraba mi imagen en el espejo; esperaba unos segundos en silencio como esperando que alguien me respondiera. ¿Quién se imaginaría que esta situación que yo elegí, que yo deseé tanto, ahora se convertiría en una tragedia para mí?

                Entré a la ducha y me quedé mucho tiempo, dejé que el agua caliente corriera por mucho tiempo, como si esto me ayudaría a aclarar mis ideas; pero no resultó, seguía tan desconcertado  como antes de ducharme.         

-          Tengo que tomar una decisión, en pocas horas debo dar una respuesta y  después no va a haber vuelta atrás- Decía recostado sobre el sillón del living,  dirigiéndome a mi perro Gipsy que ahora era mi psicólogo, mientras él me  escuchaba con atención.

-          Es difícil saber que hacer, no quiero que mi padre me refriegue toda la vida por la cara que él tenía razón, pero a la vez… me aterra volver al aula, a ese infierno, enfrentarme con  D´Ambrosio y compañía, esos jóvenes que disfrutan hacerme la vida imposible. Para colmos me siento tan solo, no sé a quién acudir- Mientras  tanto mi perro lamía mi mano compadeciéndose de mí- Me resisto a creer  que no se puede, que todo lo que me impulsó a elegir esta profesión, los sueños, la idea de que la enseñanza es una panacea, es  irrealizable; que la única manera de pararse en el aula es siendo un desgraciado insensible porque no hay otra forma de que te respeten. Mi prima me contó que ella… mi prima Elizabet, claro ella es docente y tiene mucha experiencia ¿cómo no lo pensé antes?

    Pegué  un salto del sillón y me levanté  como un resorte. Busqué en mi agenda su número  celular, la verdad es que hacía mucho tiempo que no sabía de ella. Llamé pero una máquina me respondió que el número solicitado estaba fuera de servicio. Entonces salí corriendo hasta el negocio de mi viejo. Por supuesto cuando llegué él estaba detrás del mostrador, como siempre.

- ¡Hola pa!- Le saludé con mi mejor sonrisa para que no notara mi preocupación.

-¡Qué milagro vos por acá a estas horas! -Me dijo como intuyendo algo.

- No, lo que pasa es que tengo que preparar una clase especial para mañana y recordé que Eli me contó que hizo  una actividad interesante el año pasado por eso quiero hablar con ella.

- Eli, tu prima ¿cuánto hace que no la ves? Eso es extraño que te acuerdes de ella.- Me replicó, como si a pesar de ser hombre también tuviera un sexto sentido.

- ¡Hay, papá!, pará de hablar de extrañezas y que se yo que más; lo único que necesito es el nuevo número de mi prima porque se ve que lo cambió ¿Vos lo tenès?

- Si, si, ya te lo doy, pero ahora está trabajando, llamala como a las seis, a esa hora la encontràs seguro.

- Bueno, dale te llamo a la noche, chau.

- Si, y… hijo  vos ya sabes que acá me viene bárbaro tu ayuda, cuando  te canses de pavear, yo te recibo encantado en mi negocio.

- Dejate de joder con eso papá ¿cuántas veces lo hablamos al tema? Chau- Pero ni que fuera brujo mi viejo, algo sospecha, creo que no soy bueno para disimular- Pensaba  todo eso mientras me iba a casa.

    Las horas se me hicieron eternas hasta las seis de la tarde; tantas esperanzas en alguien que no veía desde hacía mucho tiempo y que no sabía si me iba a  poder ayudar, pero en alguien tenía que poner mi  esperanza, no podía bajar los brazos y renunciar a mis sueños así no más.

    Y por fin llegaron las seis, estaba tan nervioso que me sentía estúpido por esa situación. Tomé el teléfono y la llamé.

-¡Hola Elizabet! Te habla tu primo Marcelo ¿Cómo andás?

-¡Marce, que sorpresa! ¿Cómo estás?

- Bien, bien, mira Eli, yo te llamaba porque necesito hablar con vos, hacerte unas consultas sobre el trabajo, no sé si sabes que soy profesor de Inglés y…bueno necesito de alguien con más experiencia para que me aconseje sobre algunos asuntos.

- Marcelo, lo que sea que necesites contá conmigo; si querés venite en una hora que viene una amiga, también docente, nos recibimos juntas y hace dieciocho años que somos colegas en la profesión de enseñar ¿Te parece, o querés hablar a solas?

- Está bien, yo voy, lo que quiero es escuchar a otros que pisaron el aula mucho tiempo, en una hora estoy… ¿Cuál es la dirección?

- En Almafuertes dos mil trecientos uno.

- Ahaa, bueno, gracias, ¡nos vemos!

Y por supuesto que en una hora estaba ahí presente, tocando el timbre de la casa de mi prima.

-¡Hola Marcelo, que alegría verte después de tanto tiempo! Pasá.

 Entré, saludé al marido y a los hijos de mi prima que ya salían a algún lugar; también saludé a la amiga de Eli, a quien no conocía, llamada Rosa.

     Nos sentamos en el living en unos cómodos sillones, y mi prima que siempre fue directa me dijo:

-Marce, ¿qué te anda pasando?

Entonces, empecé a desembuchar todo lo que parecía que me atragantaba y me estaba ahogando, con lujo y detalles, les conté de mi reemplazo, de D´ Ambrosio y su liderazgo, de la vergüenza que pasé con las preguntas que me hicieron las alumnas Sandra y Leticia y que no supe responder, de la directora, de la vice, de los profesores que trabajan desde hace mucho tiempo y hasta del consejo de Felisa y lo que pensaba yo con respecto a dicho consejo. En fin, hablaba sin parar y a medida que lo hacía sentía que me liberaba de varios kilos.

   Mi prima y Rosa me escuchaban atentamente, sin interrumpirme y en ocasiones se miraban, como entendiéndose sin hablar. Cuando terminé Elizabet me dijo:

-Marcelo ¡Bienvenido al mundo de los docente! No te hagas un mundo por algo que tiene solución.

-¿La tiene?

-¡ Claro!-dijo Rosa- ¿Vos pensas que a vos te pasan estas cosas? ¡Si la habremos pasado nosotra! Pero de todo se aprende, lo importante es no rendirse.

-Mirá Marcelo,me refirió Eli- Mi primer consejo es: no renuncies, ni se te ocurra esa idea.

- ¿Te parece?, le dije, como dudando.

-¡Nooo, eso no!, me contestó Rosa.

-Pero no sé cómo manejar al grupo, lo que para mí era ideal, se convirtió en un desastre; les insistí.

- Escuchá a tu prima que tuvo muchos D´Ambrosios en esta carrera y aprendió mucho- me dijo Eli- Lo bueno es que vos querés hacer las cosas bien y no vas por la más fácil: hacerle la cruz a esos pibes.

-¿Qué hago cuando empiezan a insultarme, no me hacen caso, me tiran con tiza, se ponen inmanejables?

-¡Manejarlos!-contestó Rosa con vos potente. Vos sos el profesor, tenés que ser la autoridad en el aula, una cosa es que te interesen  los chicos, que quieras ayudarlos y que te importe que aprendan; otra es ser permisivo y dejar que hagan lo que quieran, porque así no los ayudás.

-¡Claro!- agregó Eli- No uses el método de Felisa, no, eso no, pero cuando los alumnos se ponen pesados usá las herramientas pertinentes para frenarlos, que ellos sepan que vos mandás.

-¡Pero me van a odiar!- Les dije inmediatamente.

-Estás equivocado- Me respondió Rosa-Ellos te lo van a agradecer, es una manera más de demostrarles que te importan. Nosotras no te decimos que sea todo sanción, todo sanción, buscá un acercamiento con ello.

-¿Cómo?- pregunté.

- Citando a los padres, indagando sobre sus vidas particulares, sus deseos, sus gustos, etc. - Me propuso Eli.

- Fijate que D´Ambrosio tiene autoridad sobre sus compañeros, aprovechá eso, investigá quién es ese chico, quienes son sus padres, que le gusta, si tiene facilidad para alguna materia ¿cuál? Por algún lado podés acércate a él, sé vivo y averigua por dónde- Me aconsejó Rosa.

-Otra cosa- dijo Eli-No dejes que los directivos se laven las manos, sé cargoso, tan pegajoso que aunque sea para que dejes de inflarles hagan lo que les corresponde. No hay llaneros solitarios en esta profesión, conseguí ayuda así sea de prepo.

    Así estuvimos por varias horas charlando, ellas me contaron de sus experiencias y las estrategias que usaron y que les resultó en casos específicos, aclarando que no hay recetas mágicas. La verdad es que no quería irme de ese lugar, pero tenía que volver a casa a comer algo y descansar porque estaba decidido a seguir con el reemplazo. Las saludé  a las chicas con un abrazo enorme y les agradecí tanto por sus consejos y sus palabras.

     Regresé a casa distinto, apenas probé algo de comida y me acosté, necesitaba descansar para estar fresco y con todas las pilas al otro día.

    Bien temprano en la mañana me levanté y para fortalecer un poco más mi optimismo puse el tema de Serrat “hoy puede ser un gran día!, que sonaba mientras desayunaba.

     Me tomé un taxi y llegué temprano a la escuela, Me dirigí a la dirección y le confirmé a la directora que continuaba en el cargo, lo que parece no haberle sorprendido pero fui sincero con ella:

-No me resultó fácil tomar esta decisión, no podemos ignorar que 4º año es indisciplinado y…

-Mira yo estoy un poco apurada, pero ya te expliqué que eso tenés que hablarlo con Delia, la vice, disculpames, ehhh- Y así salió dejándome casi con la palabra en la boca.

       Luego  enfilé para la sala de profesores y saludé a todos los presentes con una sonrisa.

        Al rato sonó el timbre, me sudaban las manos de nervios cuando subía las escaleras, desde lejos ví a Natalia que como siempre estaba apurada porque yo la relegue.

      Entré al aula y saludé, sólo dos o tres me respondieron el saludo, porque los demás estaban entretenidos haciendo batucada en los bancos.

-Good morning, quiet please.-les ordené con la vos más potente que me salió.

 Esto llamó la atención de todos y por dos segundos logré silencio, pero como siempre lo rompió D´Ambrosio que empezó a cantar obsenidades provocando la risa de todos.

- Pablo, te comportás como corresponde  o te retirás del aula inmediatamente le ordené mirándolo firmemente a los ojos.

-No se me da la gana- Me respondió desafiante, mientras todos hicieron silencio y tomaron una actitud expectante.

    Por dentro estaba muy nervioso pero era el momento de probarme a mí mismo si era capaz de manejar una situación semejante, ya que entendí que en mi vida se presentarían muchos D´Ambrosios que  me desafiarían. 

-No estoy dispuesto a tolerar tus impertinencias, ni la de ningún alumno, hasta llegaste con tus desubicaciones- le dije y luego le ordené- Retirate que después vamos a charlar.

-No voy a ir a ningún lado, quien sos vos para decirme lo que tengo que hacer.

Ya estaba jugado, no podía echarme para atrás, así que salí del aula y como que Dios la mandó, estaba Delia caminando por el pasillo. Casi sin darle tiempo a reaccionar le dije.

-¡Justo! Vení por favor Delia que necesito tu intervención.

    Y no le quedó otra opción que entrar en el aula entonces le informé:

-Señora vicedirectora, este alumno me ha faltado el respeto con palabras obscenas y tiene una actitud desafiante hacia mí y mi autoridad ¿Qué medidas disciplinarias utilizan en este lugar?

 Delia no se mostraba muy cómoda con la situación pero debido a que ya estaba expuesta, respondió:

-Vamos Pablo, no se preocupe profesor que nosotros nos encargamos.

    Cuando se retiraron Pablo y la vicedirectora quedó un silencio sepulcral, y entonces comencé a dar mi clase con cierta normalidad, aunque no logré la participación de todos como esperaba. Luego de bastante tiempo entró D´Ambrosio quien me miró con cara de odio, se sentó desparramado en su banco pero no emitió una palabra durante toda la clase.

   Apenas sonó el timbre salí del aula y me dirigí derecho a la oficina de la vicedirectora. Apenas me vio me dijo:

-Ahhh, profesor, nosotros estamos acostumbrados en esta escuela a que los profesores tengan dominio de grupo y ellos resuelvan los conflictos que surgen con sus alumnos. Imagínese si nosotras nos vamos a ocupar  de todas las divisiones, no daríamos a vasto.

-Comprendo-le respondí- pero entienda que estas situaciones son extremas, estos alumnos tienen que entender que en esta escuela hay normas de conducta y que todos los que trabajamos aquí la vamos a hacer respetar por el bien de ellos.

-Si  pero ¿qué piensa hacer traerme todos los días al alumno Pablo a mi oficina?

-No Delia, espero que no, mi idea es citar a los padres para entrevistarlos y buscar junto a ellos estrategias para que los alumnos mejoren sus conductas y su aprendizaje.

-Bueno- me respondió- ocúpese usted de eso si tiene tiempo, en secretaría le pueden dar los datos que necesite de los alumnos y sus familias.

 Nos saludamos y me retiré a mi casa un poco confundido porque no tenía claro qué había logrado en aquel día.

  Ni bien llegué sonó el teléfono y era mi prima que me llamó para preguntarme por mi jornada de trabajo, ahora tenía alguien que me acompañaba y me comprendía y eso era muy importante para mí.

 Nada fue mágico, pasé muchos malos ratos con Pablo D´Ambrosio y sus amigos, pero no me dí por vencido y poco a poco logré avances con ellos. Cité a los padres, uno por uno y me encontré con una variedad: aquel que no sabe qué hacer con su hijo, aquel que no le importa nada y aquel que se preocupa y brinda todo su apoyo para sacarlo adelante.

    Con los directivos me comporté como me aconsejó mi prima, jorobando, insistiendo, persiguiendo, hasta lograr respuestas.

   Lo más importante es que me dí cuenta que amo enseñar y que aunque no todo es color de rosas, cada día me levanto y mientras me preparo para ir a la escuela me dgo a mí mismo: ESTE PUEDE SER UN GRAN DÍA.

                                                  FIN



ALUMNO: FACUNDO MANUALE

-¿Puedo contestar la semana que viene?- le dije.
-No hay problema- me contestó convencida que me agradaba la propuesta.
Cuando iba regreso a casa no podía dejar de pensar en la decisión que tomaría, no quería equivocarme, lo tenía que pensar tranquilo para evitar precipitarme; por un lado me sentía contento por la oferta laboral, por el otro no quería volver a ese curso en el que reinaba el desorden y la falta de respeto.
Podría decir que no, y mientras tanto esperar el llamado para otro reemplazo en otra escuela, pero esto podría dilatarse mucho en el tiempo, y la falta de trabajo ya me estaba presionando demasiado. O podría decir que sí y tratar de adaptarme al lugar, con el desafío de mantener un orden dentro del aula y explicar a los alumnos cual es mi manera de trabajar y la situación en que me encuentro, que hace poco me recibí en esta carrera, la cual siempre desee y me gustaría empezar a ejercer sin tener problemas y sentirme a gusto, quizás no resulte sencillo que lo entiendan y no funcione, pero me gustaría obtener un resultado positivo de la clase, sino de la mayoría, al menos que algunos alumnos obtengan un aprendizaje de mi materia.

Seguramente me tocará tener que enfrentar situaciones difíciles que me hagan dudar acerca de mi continuidad en la escuela, pero tengo que hacerme valer como persona y profesor y saber que en este trabajo como en cualquier otro puede suceder lo mismo.  Todo esta situación me llevó a recordar mis días de estudiante, y lo poco que algunos valoramos el esmero que ponen los profesores en enseñar, pero también se debe tener en cuenta que la adolescencia es una etapa difícil de transitar. Es necesario el esfuerzo de ambas partes poder llevar adelante una buena clase y que los alumnos puedan aprender de manera significativa.

Hoy es el día, ya me aliste y estoy desayunando para emprender camino a la escuela. Al llegar me dirigí a la dirección para hablar con la directora y comunicarle mi decisión:

- Buen día- le dije con timidez.

- Buen día profesor. Ya tomó una decisión imagino-  contesté

- So- le dije con firmeza, sabiendo que aun las dudas rondaban en mi mente.

En ese momento apareció un alumno de 4º con un corte profundo arriba de la ceja.

-Profesora mire lo que me hizo D’Ambrossio- anunciaba expresando su dolor y bronca.

Resultó ser que D’Ambrosio, queriendo hacer una broma, le arrojó a un compañero un sacapuntas de metal, provocando un accidente que movilizó a toda la escuela. Una vez atendido por el médico, retome la conversación con la directora.

-Volvamos a lo nuestro, ¿qué decisión tomó entonces?- dijo.

-No voy a continuar- le conteste titubeando. Lo que acababa de ocurrir me llevó a inclinar la balanza hacia la negación del cargo.

-No creo estar preparado aún para afrontar situaciones similares en el día a día.- le explique con sinceridad.

-Lo comprendo profesor, es el curso más problemático de la escuela. De todas formas lo seguiremos teniendo en cuenta para algún eventual reemplazo.- me dijo de manera poco convincente.

Me levanté y me retiré del despacho cabizbajo, realmente frustrado. No creí ser el tipo de persona que abandona ante las dificultades, y menos aun en mi primer posibilidad de trabajo.

Al llegar a casa me tranquilicé y me convencí que mi decisión había sido la correcta. La semana siguiente recibí un llamado en el que me ofrecían un reemplazo para todo el año en otra escuela y debía empezar ese mismo día; lo acepté con entusiasmo, y me dije “Hoy puede ser un gran día”.


ALUMNA: DANIELA BAR
Resiliencia
 

Luego que la Directora me hizo la propuesta de seguir un año más en el colegio, salí de allí con la mirada baja, pensando las posibles repuestas. Porque, si bien ya había decidido no volver más, esta nueva oportunidad me hizo replantear las situación.



Mientras retornaba en el colectivo hacia mi hogar, me preguntaba a mi mismo:



-          ¿Qué debo hacer, qué debo hacer…?



Solo tenia unos pocos días para pensar, lo cual me inquietaba, ya que la decisión era  importante para mí y sobre todo considerando la experiencia vivida este último tiempo. Cuando llegue a casa fui directo a la pieza, no quise comer nada. Una vez allí me recosté mirando el blanco techo de mi cuarto y la mancha de humedad que tenía, a la cual siempre le trataba de buscar figuras como si fuera una nube en el cielo.



Ya un poco más relajado, comencé a pensar nuevamente en mi padre,  lo que él había hecho de su vida; y porqué yo había elegido un sendero diferente. En ese instante entra él que me había visto llegar y me pregunta:



-          ¿Todo bien?

-          Si, todo bien. Solo estoy cansado.

-          Bueno, entonces descansa, cualquier cosa que necesites me avisas. Cerró la puerta y se fue.



Yo por mi parte seguí pensando un poco más, tenia mucha incertidumbre por la posible respuesta que podría llegar a dar y sus posibles consecuencias, tanto si dejaba o continuaba dando clases. Ante la falta de una respuesta concreta, me invadió una profunda tristeza.



En ese momento suena el teléfono, era un gran amigo mío, con el cual hacia un tiempo que no nos veíamos por cuestiones de trabajo. Siempre disfrute mucho de su compañía, pasábamos horas hablando de las cosas que nos gustaría hacer y como cambiaríamos la realidad. El también había conseguido un remplazo de unos meses, y  se lo notaba animado. Me llamaba para preguntarme si podía pasar por mi casa  a buscar unos apuntes, le dije que sí, que viniera cuando quiera, que estaría esperándolo.



A las 3 horas tocan timbre, era mi amigo Santiago, le di los apuntes que necesitaba y se quedo un rato hablando conmigo. Me preguntó como andaba, que no me había escuchado del todo bien. La verdad, era imposible disimular ante él porque siempre sabía cuando algo no estaba del todo bien conmigo.



Le conté lo sucedido, de la mala experiencia que había tenido y como muchas de mis ideas y conceptos en relación a la enseñanza se habían desmoronado. Santiago escuchaba atentamente sin eitir opinión hasta que en un momento me interrumpió de golpe y me dijo:



-          Tómalo con  calma. Lo importante ahora es tranquilizarte, aunque te resulte difícil.

-          Si -Respondí.

-          Es difícil enfrentarse al curso por primera vez, aunque tengas la experiencia de haber  dado clases particulares.  Nunca es lo mismo. Estar frente a un curso te pone a prueba en todos los sentidos.

-          Si, lo sé -Solo esa respuesta me salió, mientras Santiago trataba de tranquilizarme.

-          Yo también tuve un curso difícil y pensé abandonar todo. Pero luego reflexioné que no debía desesperarme, que uno piensa que lo sabe todo, pero la práctica no es igual a la teoría. Vos, no tenés que renunciar a algo que le dedicaste  tanto tiempo, ni a los sueños que tenias. Date una nueva oportunidad, ya conoces la escuela y los alumnos, no hay nada  que te pueda sorprender, de a poco iras encontrando el rumbo.



Después se fue porque tenia otros compromisos. Si bien la charla fue breve me hizo bien saber que yo no era la única persona que había tenido un curso difícil, que muchos como yo tienen que afrontar este desafío. Pero igual todavía la decisión  no estaba tomada, no obstante estar un poco más tranquilo.



A la tarde mientras estaba sentado en el patio de mi casa, conmigo mismo, tratando de tomar una decisión definitiva, se acerca  mi padre sin darme cuenta.



-          hola hijo- saludó con una voz amigable- hace tiempo que te noto preocupado, incluso nervioso. ¿Estas bien?



Por un instante dude en contarle lo que me pasaba, presumiendo la posible respuesta que podría llegar a dar y de lo difícil que me resulta  hablar con él. Sin embargo esta vez sentí que era diferente.



-          Hola papá. Si hay algo que me tiene preocupado, en relación al colegio donde estaba haciendo el remplazo. Me ofrecieron continuar el próximo año y no se que hacer.

-          ¿Porque? ¿no era eso lo que siempre esperabas, el poder enseñar a los demás?

-          Así  pensaba, pero sucedieron muchas cosas que me hacen dudar si esta profesión es para mí. -De esta manera fui contándole poco a poco todo lo sucedido. Fue la primera vez que  lograba conectarme íntimamente  con él.



El se tomó unos segundos para pensar y me dijo:



-          Hijo mío. Siempre defendiste ardientemente tus ideas, nunca  te las pude sacar  de la mente. Ese mismo empeño que pusiste en mi es el que debes poner ahora. Siempre supiste luchar por lo que creías, no puedes rendirte. Sabes bien que me cuesta expresar mis sentimientos, pero tengo que decirte la gran admiración  que te tengo, porque siempre consideré que fuiste un luchador de las cosas justas. Yo nunca pude hablar con mi padre de mis sentimientos y ahora me doy cuenta la frustración que llevo adentro. Pero tú eres mi orgullo. -Nunca había escuchado hablar así a mi padre, no sabia que decir o hacer.



Luego me dijo que en la vida uno siempre va a encontrar obstáculos que deben  superarse para poder seguir, pero que cada uno de ellos constituirá una experiencia y nos otorgará una enseñanza nueva.

-          Esto es lo que siempre quisiste y eres muy bueno, yo lo percibí  cuando estabas con los chicos en casa, como el entendimiento mejoraba y lo mismo pasará en la escuela. –Luego, lo abrasé fuerte y le dije te quiero mucho. Gracias.



Luego, todo fue más fácil. Llegado el día, fui al colegio más animado y decidido a dar mi SI, seguro de mí y de la confianza que mi padre me había depositado.


ALUMNA: DÉBORA LAMBARRI

Un tropezón no es caída

Desde que la directora  me hizo la propuesta de continuar en el cargo por un año más, no dejé de pensar en ello; día y noche era lo único que ocupaba mis pensamientos. Dibujaba, dentro de mi cabeza, los distintos escenarios posibles, pero ninguno me daba la suficiente seguridad que me hacía falta para tomar una decisión tan importante.

Incertidumbre y tristeza eran los sentimientos que convivían dentro de mí desde aquél día. Incertidumbre ante la posible respuesta a la que pudiera arribar y sus consecuencias, y tristeza por no haber cumplido con aquellos objetivos que me había propuesto alcanzar con aquél grupo. El cual, a su vez, me sacó la venda de los ojos, me mostró que hay una gran diferencia entre la teoría y la práctica educativa; es tal la distancia que puede provocar una gran frustración y una enorme desilusión ante lo que se ha elegido como vocación, es decir, como un modo de vida.

Compartí mi preocupación con todos mis amigos pero ninguno me daba una respuesta que me conformara, por lo que la angustia iba creciendo.

Una tarde estaba sentado en el patio de mi casa, pensando, con la mirada centrada en un punto cualquiera, desconectado de lo que ocurría a mi alrededor, cuando de repente sentí una mano cálida y fuerte, a la vez, que se apoyó en mi hombro: era mi padre.

-Hola Marcelo- me dijo, con voz fuerte pero amigable,- anoche te escuche caminar por toda la casa, como hace varias noches lo venís haciendo, te puedo preguntar ¿qué te sucede?

Por un momento dudé en contarle lo que me ocurría sabiendo o, mejor dicho, presumiendo  cual sería su respuesta; pero había algo en mi interior que me decía que debía hablar.

-Hola papá, sí, hay algo que me tiene muy preocupado, es un decisión que debo tomar.

-¿Te puedo ayudar a tomarla? Sé que tuvimos y, por ahí, tenemos nuestras diferencias y que hace mucho tiempo que no hablamos, pero realmente te veo mal, y a un padre le entristece y preocupa ver mal a su hijo, por eso te quiero ayudar. 

-En el colegio, donde estaba dando clases, me ofrecieron seguir el próximo año.

-Pero eso es bueno, ¿no es eso lo que siempre anhelaste?, enseñar a otros.

-Sí, pero sucedieron muchas cosas durante los meses que estuve enseñando que me llevaron a replantearme si enseñar es lo que quiero para mi vida.

Así fue como, en un diálogo ameno, le conté todo lo sucedido a mi papá. Me sentí bien, aliviado, después de hacerlo, y aunque todavía no sabía cuál sería su respuesta, esa charla con mi “viejo” me dio paz, fue como si me sacara de encima una gran mochila.

Cuando terminé de contarle mi historia, mi padre se quedó en silencio y comenzó a caminar por el patio, con sus manos atrás.

-Marcelo, por la manera en que te angustia todo este tema, me doy cuenta lo mucho que te gusta enseñar y, no porque hayas tenido una mala experiencia al principio, debes renunciar a lo que tanto amas hacer. Es conocido aquel refrán que dice” un tropezón no es caída”, y eso fue lo que ocurrió a vos con ese curso, tropezaste, pero eso te va a servir de experiencia, para crecer, para entender que no todo en la vida es fácil, que hay muchos obstáculos y pruebas por superar que te van a ayudar a crecer.

Debo decir que me sorprendió gratamente la manera en que me habló, y fue de mucha ayuda, ya que a partir de ese momento es como si mi mente se aclarar.

-Mi consejo- me dijo- es que sigas, no permitas que un grupo de alumnos, al cual no supiste  como llegar, tire por tierra tus sueños. Yo sólo te puedo aconsejar, ya que la decisión final es tuya.

Cuando terminó de hablar, tuve la necesidad de abrazarlo, y la única palabra que surgió de mis labios fue Gracias.

Llegó el día de dar mi respuesta. Ya durante la noche pude dormir, como no lo había podido hacer noches atrás.

Llegué al colegio más tranquilo que de costumbre, ingresé a la sala de profesores, saludé a los que allí estaban tomando su café, cuando de repente apareció la directora.

-Hola profesor, ¿cómo está?

-Muy bien, gracias.

-¿Ya tiene su respuesta?

En ese momento los profesores que estaban en el salón, quedaron en silencio, esperando escuchar mi respuesta.

-Claro que tengo una respuesta.

-Bueno, ¿cuál es?

- Después de tener una charla con una persona muy querida y allegada a mí, he decidido aceptar su propuesta.

-Me alegra mucho profesor que así sea; aunque debo confesarle que pensé que no aceptaría debido a lo dificultosa que fue su experiencia.

-“Un tropezón no es caída”  señora directora, todo sirve para crecer, para mejorar. De las malas experiencias hay que aprovechar lo bueno, no lo cree así.

-Es bueno que lo tome de esa manera. Nuevamente le reitero mi alegría de que siga perteneciendo a la institución.

Cuando llegué a mi casa, le comuniqué mi decisión a mi padre y tan sólo con una sonrisa me dio a entender lo bien que había hecho.

No sé qué es lo que ocurrirá el próximo año, eso lo dirá el tiempo.                                                                                 


ALUMNA: MÓNICA HOURIET


Sólo recuerdo que salí de la escuela y me di cuenta que había llegado recién cuando Gipsy me recibió con un salto que me sorprendió. ¡Pobre perro! Ni que hubiera sabido de mi tristeza e incertidumbre. “¿Qué hago?” era la pregunta que me repetía una y otra vez.  “Mejor me distraigo un poco” pensé, y me puse a ordenar unos libros, como queriendo huir de una situación que, tarde o temprano, tendría que enfrentar.

 En medio de aquel desorden, casi asomándose por debajo de la cama, vi un libro que ni me acordaba que tenía: “Carta a un joven profesor, de Meirieu”, dije en voz alta. Un buen amigo me lo había regalado y, no sé por qué razón me puse a releer algunas páginas. No quiero parecer loco pero podría jurar que algunas palabras me llamaron la atención, como resaltando del papel: “… pues apenas se vive sin una utopía de referencia. A duras penas se sobrevive, embrollándose en un día a día que, muy pronto, no se logra descifrar porque ya nada en él nos permite diferenciar entre lo posible y lo deseable, la satisfacción inmediata se convierte en el único horizonte posible, el cinismo o la desesperación son las únicas salidas. Y, desde la perspectiva profesional, al elegir la profesión de maestro, habéis hecho del futuro, vuestra profesión…” Y seguía : “No tenemos que buscar en otro lugar razones para tener esperanza y para luchar.”. Sólo atiné a sentarme sobre la cama y, con el libro en las manos, no podía creer que , de una forma inexplicable, estuviera frente a la solución a mi problema. En realidad, sentí como que una puerta se abría y tenía que tomar la decisión: cruzarla y poner en práctica todo lo que había planeado y deseado desde el día que había decidido ejercer la docencia o quedarme de este lado, avergonzado y frustrado detrás del mostrador del negocio familiar.

Me puse de pie y no lo dudé, debía seguir y no perder las esperanzas.  Debía encontrar la forma de llegar a esos alumnos y lograr dar una clase sin que ninguna carpeta vuele por los aires y sin que D´Ambrosio me falte el respet…¡D`Ambrosio!! ¡Esa era la clave! Recordé mi primer día en la escuela cuando el profesor de Física se refirió a él como “dueño” del curso. Evidentemente todos lo tenían asumido de esa forma y enseñaban en función de lo que ese alumno permitía o no hacer. Así que me propuse procurar un acercamiento con él. Supuse que si el líder tenía una actitud más positiva, el grupo lo iba a seguir.

 Cuando recordé haber admitido, en mi interior, tenerle miedo, me avergoncé. Ese no era un sentimiento de un profesor que quiere ejercer esta profesión con amor y dedicación . “Es hora de cambiar de actitud”, dije en voz alta, mientras Gipsy, giraba la cabeza y me miraba desconcertado entre medio de los libros que habían quedado en el piso.



                                                                                   ***

Ni bien llegué a la escuela me dirigí a la sala de profesores. Estaba el de Física, que aún no me registraba como ex alumno, Felisa , cuyos consejos sobre “adiestramiento áulico” me espantaron y la vicedirectora que justo traía la carpeta de las circulares para que las firmemos.

-“Quisiera hacerles una pregunta sobre D`Ambrosio”, dije, y los tres me miraron con asombro. Felisa, a punto de tomar su cafecito, levantando  una ceja, y, evidentemente, con curiosidad, ya que en todo el tiempo en la escuela, casi no había entablado ninguna conversación con nadie, me contestó:

-Claro! Si en algo te podemos ayudar..

 Y  tomando coraje , como demostrando que tenía la situación controlada, pregunté:

-¿Alguien conoce a sus familiares o su vida personal? ¿Hay algo que se sepa que podría afectar su conducta?

Los tres se miraron y se sonrieron. Pero esta vez fue el profesor de Física el que habló:

-Mirá, yo nunca pregunté, pero seguramente es falta de educación  y de límites.

-A ese habría que echarlo.- dijo Felisa- Yo ya no lo soporto. Menos mal que lo manejo con las notas, que si no…

Tocó el timbre y tuvimos que salir al patio y dirigirnos a las aulas. Un poco desilusionado por el resultado de la investigación que me había propuesto, tomé mi maletín. No había hecho tres pasos cuando la vicedirectora me hizo señas, como que la siguiera hacia su oficina. Un poco sorprendido la seguí y, cerrando la puerta tras de mí, me invitó a sentarme. Debe haber visto mi cara de asombro  porque con una sonrisa me dijo:

-No te asustes. No pasa nada. Sólo quiero contestarte a la pregunta sobre D´Ambrosio.

-La escucho- le dije- mostrando una genuina preocupación.

-Mirá, hace como un año falleció su padre con quien tenía una excelente relación y, si bien nunca fue un alumno ejemplar, las cosas empeoraron en el aula. No acepta ningún tipo de autoridad. ¡Hasta la madre viene a pedir ayuda de vez en cuando!-dijo con un dejo de resignación.

Me quedé pensando en cómo tratar de llegar a él, de lograr cierta empatía. Tenía que buscar nuevas estrategias… ¡Ay D´Ambrosio, eras humano después de todo!

Agradeciéndole a la Vice , salí de la oficina. Iba tan absorto en mis pensamientos que me llevé por delante a la preceptora, que iba en mi búsqueda, porque ya no podía contener a los de 4º ni un minuto más. Un poco molesta por mi tardanza y por el choque, alcanzó a decirme:

-Acordate que hay que presentar un proyecto solidario por curso. Mañana hay que entregar la lista de los alumnos que van a participar.

Un poco previendo la respuesta pregunté:

-¿Qué curso me toca?- Sólo alcancé a ver su sarcasmo diciéndome- ¡Adiviná!

Y…sí, 4º  año.

Cuando llego al curso, me di cuenta que algo del proyecto habían estado hablando y, como era algo novedoso, estaban un poco, solo un poco, interesados.

-La preceptora nos dijo que usted estaría a cargo de nuestro curso..- me dijo Sandra

-Así es-les dije- dándome un poco de importancia ya que era la primera vez que me iban a necesitar para algo que a ellos les interesaba.- Y mañana tengo que entregar la lista de los  cuatro alumnos que van a participar.- seguí diciendo, casi sin parpadear.

Ante mi asombro, eran muchos los que querían formar parte del proyecto.

-¿Ya sabe a quién va a elegir? Mire que es su responsabilidad eh?- me recordaba una de las chicas que, evidentemente, podría hacerme quedar muy bien, porque era una de las pocas alumnas que respondían a la hora de dar clase.

-Si, ya sé. El primero que voy a anotar es…D´Ambrosio.- Ni sé por qué lo hice. Fue algo que me brotó desde muy dentro mío.

Silencio en la clase. Por primera vez lo había conseguido. Tenía su atención.

Ante el desconcierto de los presentes, había elegido al menos indicado, por lógica, a formar parte del equipo.

-Eh! Pablo!- dijo uno de sus compañeros- El profe te eligió!

D¨Ambrosio, con una tiza en la mano, a punto de  transformarse en proyectil, me miró sin entender nada. Y, por primera vez, se dirigió a mí sin faltarme el respeto:

-¿Y qué tendría que hacer yo?- tratando de disimular su interés.

-Mirá, creo que podemos juntar libros y útiles escolares para llevar a una escuela carenciada. Hacemos la campaña y luego vamos y se los llevamos . Ah! Pero miren que yo pongo toda mi confianza en este grupo así que tenemos que hacer el trabajo bien.!-

Yo ni sé de dónde me salían las palabras de aliento, tratando de motivarlos y, lo más curioso era…que estaba logrando..¡ “una conexión”! Miraba sus caras , interesadas en lo que yo decía y, por primera vez , en varios meses me sentí…felíz.

                                                                               ***

-¿Vió la cartelera con las fotos, profe?- me dijo Leticia, la chica del primer día, mientras se apuraba para no llegar tarde a clase.

-Si!! Ya las vi!!- dije entusiasmado.

 ¡Y cómo no iba a verlas! Parecía mentira descubrir a D¨Ambrosio sonriente, entre los chiquitos de la escuelita donde llevamos lo que habíamos juntado. Él mismo había recolectado la mayoría de los útiles.

Desde el día de la elección cambió mucho. Tuve oportunidad de hablar con él y decirle que realmente confiaba en su capacidad y, que debía cambiar de actitud. No sólo conmigo sino en su vida diaria.

Creo que necesitaba que alguien confiara en él, que mostrara interés, no solamente en ponerle amonestaciones o mandarlo afuera. Que podía recibir afecto de un profesor. Y yo, en verdad, tengo que agradecerle. No sólo se transformó en un desafío personal, sino que me enseñó que puedo tratar de  ser un buen maestro y que, en realidad, esta sí era mi vocación.



Ayer , ordenando el maletín, encontré aquel libro de Meireiu . ¡Si supiera el autor lo mucho que me ayudó! Lo puse sobre la mesa de luz para verlo todos los días y recordar que nunca hay que bajar los brazos…

-¡Gipsy! ¿Vamos a dar un paseo? – mientras el pichicho respondía a mi llamado moviendo la cola como loco , escuché en la radio la canción de Serrat … : “Hoy puede ser un gran día, plantéatelo asi… Pelea por lo que quieres y no desesperes si algo no anda bien. Hoy puede ser un gran día y mañana también…” Y sonreí.



ALUMNA: KARINA CANCA


Después de escuchar la propuesta de la directora fui a casa entre a mi dormitorio, me senté en la cama y pensé si aceptaba o no  dicha propuesta. Comencé a recordar las cosas buenas y las cosas malas que me pasaron en mi corta trayectoria por las aulas, una trayectoria que recién comienza.

    A la noche en la cena, cuando toda la familia se reúne, comente lo que me había sucedido, mi papá como de costumbre no le dio importancia a mi comentario porque se trataba  mi carrera como docente mi mamà lo escucho pero no supo que decir. Esa noche me fui a dormir con una sensación rara; era una decisión muy importante en mi vida nunca había pasado por una situación como tal solo una semana para decidirme.

    Al día siguiente me preparé como todas las mañanas para cumplir con una nueva jornada laboral.  Llegue a la escuela, salude a los profesores que estaban en la sala de profesores tocó le timbre y fui a dar clases al entrar al salón y encontrarme con el bullicio de siempre me di cuenta que algo había cambiado en mi miraba a los chicos con otros ojos ya no era un simple reemplazo de unos meses pasaríamos mucho tiempo juntos.

    Mientras estaba dando clases pensé en D´ Ambrosio el por qué de su comportamiento, cómo era el vínculo con su familia, cómo había construido  el vinculo que tenia con sus compañeros, qué lo  llevaba a comportarse de manera incorrecta, cuál será su historia personal y familiar, me  preguntaba también  el por qué de la fama del 4º.

    La clase se desarrollo como siempre en medio del caos que todos (docente- alumnos) estábamos acostumbrados, un clima  naturalizado en nosotros. Toco el timbre indicando que la clase terminó, prepare mis cosas, salude a los alumnos y me fui caminando a casa.
   
     Mientras caminaba me encontré con Sebastian, un compañero de la facultad que también esta trabajando en una escuela de las mismas características que la mía nos pusimos a charlar

----   Hola Sebastian  ¿cómo estas?

---- Bien; te cuento que el reemplazo que tome se esta haciendo difícil de sobrellevar.

----- A mi me pasa lo mismo encima  la directora me hizo la propuesta de continuar por mas tiempo lo estoy pensando

---- ¿Por qué lo pensàs tanto?

-----Por que los chicos son difíciles

----- ¿Es para tanto? Tendrías que partir desde sus intereses

------Tenès razón el incentivo tendría que ser algo que lo desestructure.

 ------En estos tiempos que nos toca vivir tendríamos que pensar en una escuela más funcional, que los aprendizajes les sean significativos a los alumnos. Bueno se me hace tarde nos vemos en el cursado. Suerte.

   Después de escuchar a Sebas seguí mi camino y me dije POR QUÈ NO.













 















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